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PINTURA

Si me preguntan cuál es el motivo por el cual la pintura sigue estando en el epicentro de mi práctica artística, mi respuesta es que pinto como una forma de resistencia. Y me gustaría puntualizar el sentido de esta resistencia dentro de un contexto del arte que ha devenido tecnología, afirmando una necesaria permanencia de la materialidad de esta tipología de imágenes, que junto con las imágenes-tiempo de mi cine y las e-imágenes de mis experimentaciones con FX, escinden toda posición categorial y subrayan en su interacción los procedimientos contemporáneos. Haciendo interactuar todos estos modos de producción de imaginarios, subrayo que la pintura siendo tradición e historia, siendo el lugar desde el cual nace toda concepción de imagen, debe ser atendida desde los largos y profundos recorridos que realiza, para asimismo indicar que no es un medio específico ya, menos el lugar privilegiado del arte, sino un extraño, complejo e incómodo lugar, incluso. Y si volvemos al inicio de la pregunta de porqué sigo pintando cuando las funciones de la pintura han sido reemplazadas y minimizadas, diré que su práctica es precisamente un lugar en el cual la resistencia adquiere un sentido de experiencia singular por la que el tiempo de la imagen se ralentiza, se detiene y se piensa; una práctica mediante la cual, las mediaciones de la realidad aumentada se desvanecen para solidificar, materializar y hacer carne nuestra relación con las imágenes. La práctica de la pintura es por tanto para mi un modo de acción en arte irremplazable, una práctica, como dice Didi-Huberman, cuyo carácter es extremo.

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